
Sus derechos a una alimentación nutritiva, balanceada y suficiente no son satisfechos. Tampoco lo son su derecho a la educación, la salud, una vivienda digna. Ni siquiera son protegidos contra cualquier acto de violencia o agresión.
Estos niños y niñas pertenecen a familias numerosas y desestructuradas, que se encuentran bajo de la línea de la pobreza o de indigencia. Están desprotegidos por estar obligados a trabajar, porque no pueden ser mantenidos por sus padres o por el fallecimiento de sus progenitores.
Me pregunto quién vela por su bienestar para que puedan llevar adelante una vida sana. Para que en su vida puedan dejar de ser ausentes los juegos, la educación. Desde las políticas gubernamentales se tendría que incentivar su incorporación al sistema educativo, ser contenidos desde las instituciones, para abandonar esa condición de riesgo constante.
Vulnerables, desprotegidos, desintegrados… Pobreza y trabajo infantil. Vistos como “villeros”, “chorros”, “delincuentes” o “sospechosos de provocar algún daño“, mientras solo son una consecuencia de la crisis social y económica que se transita en el mundo.
Miles de niños son expuestos a esta realidad, proyectando un futuro lleno de incertidumbres.
Se arman el 8 de diciembre y permanecen armados hasta el 6 de enero. Acompaña a la Noche Buena y la llegada de la Navidad, donde esperan los regalos para los niños y familiares.
Son frecuentes notas periodísticas que alertan sobre este fenómeno tan presente en la "diversión" de los adolescentes.
En la actualidad los
Todos podemos ayudar desde nuestro lugar en la lucha por esta merecida causa. Es un desafío conseguirla en un futuro no muy lejano por nuestras hijas, nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras sobrinas, nuestras compañeras, nuestras amigas.









