16 de mayo de 2009

VANESA GALVÁN: "Todos tenemos las mismas capacidades, con diferentes tiempos"

Vanesa Galván, con sus apenas 16 años, ya recorrió un interesante camino como bailarina y profesora de danzas. Da clases en dos talleres: uno en el FUNDAS, dirigido a chicos con síndrome de Down y otro en la escuela primaria nº 128.

¿Cómo fueron tus inicios como bailarina?
Empecé a bailar porque tome la comunión y mi mamá no quería que me quede sin hacer nada. Siempre me gusto bailar, por parte de padre toda la familia viene por ese lado, entonces me anoté en la peña Lucerito del Alba. El primer año empecé sin saber bailar nada, pero siempre tuve mucha facilidad. Al mes y medio ingrese al grupo de los avanzados. Estuve ahí hasta los 13 años. Después me llamaron al Ballet Municipal, ingrese un año y medio antes de tener la edad, porque te piden tener 15 para ingresar”.

Este año Vanesa se recibe de profesora de danzas en el Instituto Folclórico Pedro Berruti
de Buenos Aires.
“Cuando llegó a Roca la academia Berrutti, llamaron a las personas que podían llegar a tener en algún momento la capacidad de enseñar. Y me convocaron. Se da la primaria, magisterio y profesorado. Es una escuela nacional, tiene filiales en todo el país, la sede central está en Buenos Aires. Vienen de allá los profesores examinadores a tomarnos. Después terminé el primario y comencé el magisterio. A fin de año me recibo”.


¿Se te hace fácil o difícil?
"Es difícil. La gente cree que es bailar nada más, y no es bailar nada más. Tenés que aprender muchísimo y estudiar mucha historia, porque que basarte en épocas en hechos históricos, para armar los bailes. Muchos no lo toman como trabajo, pero sí lo es, porque estudias como cualquiera, solo que es totalmente diferente a lo convencional”.


¿Por qué empezaste con el taller en la escuela 128?
“Me llamaron de la escuela donde yo hice la primaria, estaban haciendo proyectos de talleres para los chicos de la escuela. Querían poner el de folclore. Primero no me animaba”.

¿Cuántos alumnos son?
“Son 19. Hay chicos con problemas sociales graves. Tienen entre 4 años y 12. Vas aprendiendo que son solo tenés que enseñarles a bailar, sino que también hay que ayudarlos. Enseñarles también los valores que se están perdiendo, porque parte de nuestro folclore también son los valores que perdimos”.

¿Por qué empezaste con los chicos son síndrome de Down?
“En ese taller el año pasado va Mariana, una chiquita con síndrome de Down. La mamá me habla de la gente que está relacionada con el FUNDAS. Me cuenta que es muy pedagógico lo que yo hago con Mariana, y no se ve que ayuden mucho a los chicos con discapacidades. Me dice hay una señora que me quiere conocer. Asique me proponen que presente el proyecto. Presentamos que no solo los chicos queremos que aprendan a bailar. Mi intención, más allá de enseñarlos a bailar, es rescatar ciertos valores”.

¿Cómo te sentías vos al principio?
“Al principio tenía mucho miedo, te das cuenta de que estás haciendo algo muy bueno. Quiero hacerle entender a la gente que todos tenemos las mismas capacidades, con diferentes tiempos. Tardan más que nosotros, pero aprenden al fin y al cabo. Hay gente muy ignorante, cree que los chicos no aprenden. No es así, y hay que demostrar eso. Hay mucha discriminación. Sus diferencias son físicamente, porque por dentro somos todos iguales. Y desde este lugar, es lo que intento con los chicos. Nadie nos puede limitar a nada. A veces me ha pasado que gente me diga que no pueden. Y les digo como que no pueden, todos podemos”.

¿Cuántos alumnos son?
“Ahora son tres. El problema es el miedo de los padres, el miedo a dejarlos, si se irán a sentir bien, como los irán a tratar”.

¿Cómo preparas las clases?
“Cuando das clase hay que pensar en cómo darla, como hacerles entender, por los tiempos que ellos tienen. No puedo explicarle con los términos reales, no es que llego y les digo un giro, un contragiro y un giro final. Se los voy metiendo de a poquito. Por ejemplo el giro final es un espiral. Y vos sabrás que la colita del chancho es un espiral. Entonces les digo colita de chancho y ellos me entienden. Hay que buscar las maneras de no aburrir a la gente”.

¿Cómo las organizás?
“Las clases las organizo así: hay un problema con el vocabulario, por ahí les cuesta mucho lo que es modular. El año pasado hacíamos la parte de danza en una hora. Media hora era con juegos en el piso, trabajando frases. Frases rítmicas que a su vez le ayudaban sin querer a ir procesando los ritmos. Ellos no se dan cuenta pero lo pones con la música y lo hacen al ritmo de la música. Eso hace que puedan hablar un poquito más”.

¿Y este año?
“Viendo que hay problema de sobrepeso, les cuesta agilizarse, trabajamos la clase de expresión corporal y contemporánea, con movimientos muy sencillos que los ayudan un montón. Ahora hacemos dos horas: una únicamente de ese tipo de movimientos con música de folclore, otra media hora nos dedicamos a danza y la otra media hora lo hacemos con cosas que se lleven para hacer, para que ellos lo hagan también en su casa, que tengan la responsabilidad”.

¿Cuántos años tienen?
“De edad cronológica son chicos jóvenes, adolescentes. De edad mental no. La más chiquita tiene 15 años y la más grande 28”.

¿Qué es lo que más te importa que aprendan?
“A mí que me importa si los nenes son terribles bailarines el día de mañana si yo como persona si tenían un problema no los ayude. Entonces lo que nosotros tratamos es eso. Yo agarre para este lado, a donde la gente menos va. Quiero tratar de que se den cuenta de que todos podemos con voluntad y esfuerzo”.

¿Cómo es tu rutina como bailarina, profesora y estudiante secundaria?
“Enseñas, ayudas y también te rompes el alma. Tenemos mucha teoría, mucha historia y la parte práctica. He llegar a ensayar casi 14 hs por día. Ensayo de lunes a sábado. A la mañana voy al colegio, llego a mi casa. Y a veces a las 3 de la tarde me voy a ensayar y vuelvo a las 12 de la noche”.

¿Qué concepción pensás que se tiene del folclore en la región?
“Hace dos años atrás se empezó a levantar todo un poco, al haber más talleres y más espectáculos. La cultura nacional se está perdiendo mucho. Les decía la vez pasada a los papás que me interesa enseñarle a los mas chiquitos que esto es lindo. Si vos les preguntas a los nenes que es el folclore ellos dicen que es bailar. Y si les decís ¿quién lo baila? dicen los viejos. Lo que quiero lograr es que cambie esa concepción y que los papas también te ayuden. Tenés que enganchar a la gente, para que no se aburra. Hacer tus clases divertidas, de que los chicos estén entretenidos. El valor que siempre trato de rescatar es el respeto y el compañerismo”.
¿Los padres están conformes con tu trabajo?
“Hasta ahora no me he encontrado con ningún padre que me haya dicho o me gusta como los tratas a los chicos, hasta ahora todos me lo han reconocido. Los papas vienen y te dicen que están re contentos”.

¿Qué tiene que tener una persona que quiera dedicarse a esto?
“La persona que se quiere dedicar a esto tiene que tener algo fundamental: imaginación y paciencia. Si no las tenés, vas a estar un mes con el grupo y ese grupo no va a aprender nada. Nosotros tenemos 20 reglas de oro en el folclore
. Además de la parte de baile, en las últimas se recalcan los valores. En la segunda te dice que tenés que aprender a mirar al que sabe, al que no sabe los errores y los aciertos de los demás”


Imagen extraída de: http://www.blogger.com/home?pli=1

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